Pedagogía Waldorf: acompañando a la evolución del ser humano

En el plano de estudio Waldorf, los temas, materias y metodología didáctica se proponen de constituir el sostén eficaz y constructivo por cada momento y transición evolutiva de los alumnos.

Podemos distinguir 7 etapas evolutivas durante las cuales el niño encuentra nuevos desafíos, tanto interiores como exteriores. Estos momentos conducen al desarrollo de sus actitudes y a la adquisición de capacidades que llevará consigo, como competencias individuales, para toda la vida.

 

PRIMERA INFANCIA

Conformar el cuerpo para conquistar el espacio en derredor y descubrir el lenguaje.

El niño recién nacido “desciende lentamente en la Tierra” y durante los primeros años adquiere un sinfín de actividades motoras, especialmente gracias a su innata capacidad de imitación de los que tiene a su alrededor. Para crear el ambiente adecuado son fundamentales el contacto, el cariño y los cuidados respetuosos y atentos, ropa y alimentación sanas e idóneas a nivel físico. El ritmo de las actividades cotidianas favorece los procesos vitales y formativos. El habla amorosa, un actitud alegre y jovial el canto y los pequeños rituales cuidan de su cuerpo emocional y le hacen sentir amado y bien recibido. Especialmente en el primer año de vida, las relaciones luminosas y estables constituyen la base para una profunda confianza en el mundo y la capacidad de relacionarse con las otras personas en el futuro.

 

EDAD PRESCOLAR

Despertar la actividad sensorial y cuidar la repetición de las experiencias.

En esta fase es fundamental cuidar la educación sensorial, con especial atención a los llamados “sentidos inferiores”: tacto, movimiento, equilibrio, sentido de la vida), para reforzar sus fuerzas vitales. El ritmo de las actividades cotidianas, los cuentos, los juegos de dedos y la celebración de las fiestas a lo largo del año, hacen que el niño se sienta bien en su cuerpo y en el ambiente social que le rodea, en el cual puede confiar. El juego es la actividad principal a través del cual el niño crece y replica el mundo en el que vive. En el juego los niños construyen, venden, cocinan, lavan, cuidan, etc. Las tareas de la vida cotidiana como desayunar, poner en orden, vestirse, etc. se anclan en el futuro en forma de “buenos hábitos”. Las celebraciones y las alegrías pueden estar acompañadas por pequeños dolores o privaciones y se aprenden a aceptar como realidades de la propia vida. La satisfacción de cualquier necesidad o exigencia en cada momento puede llevar a una imagen equivocada de la vida y llevar a la incapacidad de soportar una frustración.

 

LOS PRIMEROS AÑOS DE PRIMARIA

Elaborar el mundo de los sentimientos y ampliar el espacio de la propia autonomía.

Es muy saludable que el niño se sienta parte de una Comunidad. Su círculo familiar ahora se amplía y el niño se relaciona con muchas otras personas a partir de sus coetáneos. En esta fase adquiere las técnicas propias de la cultura humana (escribir, leer, contar) y al mismo tiempo su vida emocional empieza a diferenciarse de una forma más compleja. La escucha de cuentos, historias y leyendas refuerza y enriquece su mundo emocional, aportando variedad y profundidad. Lo bueno y lo bello se admiran, lo malvado y feo se rechaza. Los niños de esta edad buscan volver su mirada con veneración a un adulto y esto les proporciona fortaleza interior: la autoridad natural del maestro representa la mejor base para todos los procesos formativos.

 

DESPUÉS DEL NOVENO AÑO

Educar las habilidades particulares acompañándolas con un recto pensar.

La individualidad del niño penetra siempre más en su corporeidad y el mundo aparece diferente: el mundo de los cuentos de hada termina su etapa y el niño empieza su acercamiento al mundo de los adultos. El contenido de las clases y la actitud de los maestros deberían adecuarse a esta nueva situación para preparar y acompañar de la mejor forma los chicos en esta fase evolutiva. En la práctica, experimentar la construcción de una casa, cultivar la huerta y conocer los principales oficios humanos ayuda a reconocer las tareas fundamentales del ser humano en la comunidad social y despierta el deseo de estar activo en el mundo.

 

LA PUBERTAD: CAMINO A LA MADUREZ TERRENAL

Despertar en el individuo el espíritu de búsqueda y el interés por el mundo.

La madurez terrenal llega acompañada por grandes cambios físicos y terremotos anímicos. El mundo interior empieza a asomarse y por lo tanto, está todavía muy vulnerable, aunque muchas veces la actitud quiera mostrar justo lo contrario. El joven tiene que dar sus primeros pasos hacia el mundo y dentro de ello. Pueden surgir pensamientos confusos e inseguridades debidas al sentirse inadecuado y surge la exigencia de ser reconocidos como individuos.

En esta fase el acompañamiento de los adultos, ya sean padres o maestros, tiene que impregnarse de sensibilidad. En la pedagogía Waldorf las clases y los métodos de la didáctica se orientan hacia un sincero reconocimiento de la personalidad de los jóvenes y de su recién despertado interés para el mundo en todos sus matices.

A partir de este momento es muy importante que se aprenda a gestionar correctamente el tiempo libre, con el fin de que los jóvenes se comprometan realmente con actividades saludables y diferenciadas, tanto a nivel físico como interior. En la séptima clase es importante introducir el tema de los alimentos y hablar de las dependencias, así como de las relaciones (amistades y amor), relaciones físicas y todo lo relacionado con la educación sexual.

 

ADOLESCENCIA: UN PUENTE HACIA EL MUNDO CONTEMPORÁNEO

Tomarse responsabilidades y desarrollar la capacidad de iniciativa.

El mayor compromiso en esta fase consiste en el desarrollo de una capacidad clara de juicio y del espíritu de iniciativa, además de la capacidad de tomar responsabilidades. A menudo esta etapa está acompañada por una crisis temporal en la relación con los adultos: el deseo de libertad e independencia de los jóvenes puede meter en discusión la idea de que los adultos todavía puedan ayudarles a enfrentarse a sus elecciones de vida. Quieren elegir de forma autónoma y a veces sus modelos son los mismos coetáneos. La pedagogía de esta etapa debería ayudar a través de elaboradas actividades artísticas y manuales, así como creando un ambiente favorable a la profundización y discusión de problemas relacionados con la sociedad, la ciencia, la religión, las leyes, etc. para que se desarrolle en los jóvenes el sentimiento de pertenecer activamente a la sociedad contemporánea. En la pedagogía Waldorf es la etapa en la que se introducen actividades más arriesgadas como por ejemplo podría ser la escalada, obviamente siempre mediante supervisión de un experto; lectura de grandes obras que alimenten al alma inquieta (poesía, Parsival, Faust), períodos de prácticas de orientación profesional (IX/X clase), estancias lingüísticas y experiencias sociales fuera de la familia (XI clase), música coral y orquestal, encuentros con profesionales de los más diferentes sectores que permitan ampliar y fortalecer la capacidad de elaborar conceptos y formularse una opinión personal.

 

EL FINAL DE LA EXPERIENCIA ESCOLAR

Aprender a sostener el propio punto de vista.

En el último año de instituto es especialmente significativo desarrollar ejercicios de prospectiva y retrospectiva, en los que resalte la importancia de la posición del ser humano en la grandiosidad, belleza y sabiduría del universo entero. Los jóvenes adultos buscan su proprio rol, su particular punto de vista en la sociedad, a menudo con la intención de querer mejorarla.

La posibilidad de exponer un trabajo final complejo frente a un amplio público y/o la actuación y preparación de un elaborado espectáculo teatral, proporciona a los alumnos de la última clase la posibilidad de presentarse al mundo como individuos autónomos, sabiendo que a partir de ese momento ya empieza su etapa adulta como maestros de sí mismos.

La pedagogía Waldorf está basada en un conocimiento holístico del hombre, incluyendo su parte anímica y espiritual, con el propósito de educar a individuos capaces de pensar, sentir y actuar libremente en el mundo, respetando lo que significa ser “humano” y listos para buscar lo mejor de sí y meterlo al servicio de la humanidad.

 

Fuente: Christian Breme y Carolina von Heydebrand, adaptación de Anna Dal Passo.
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